viernes, 16 de septiembre de 2016

-MÁS TRINOS Y AFORISMOS-


&1
Educa la tribu, pero se educa, sobre todo, contra la tribu.

&2
Cuando el pensamiento echa a andar ya no puede abandonar el desierto.

&3
La realidad es proceso. Luego, todo medio es también fin, todo fin es también medio.

&4
Dioses que cargan con las penas, dioses que cargan con las culpas, ¿qué dioses amaron más a los hombres? Una cuestión nietzscheana.

&5
Lo inesperado acontece; pero la mutación es, casi siempre, deformación.

&6
La transición española quiso ser olvido y un nuevo comienzo. Pero acaso estemos condenados a la historia.

&7
Como el cincel sobre el mármol, el olvido.

&8
Si Dios no existe el círculo cuadrado sigue sin estar permitido.

&9
Se ha dicho: la verdad es fascista. Se ha dicho: la belleza es fascista. Resultado: Donald Trump.

&10
Devenir el pueblo plebe: populismo.

&11
Si Dios existe, todo gobierno es teocracia.

&12
La imposibilidad del círculo cuadrado ¿prueba que Dios existe?

&13
Lo público, espacio natural del ciudadano. Lo colectivo, espacio natural del etnotipo.

&14
Democracia sin liberalismo, totalitarismo.

&15
¿No es, el pensar que puedo ofender a Dios, pecado de orgullo?

&16
Es el perdedor quien disfruta el juego, el ganador la ganancia.

&17
En el desierto, el camino son los pasos sobre la arena, y lo caminado el destino.

A. Bugarín
Valladolid, septiembre-2016

-BELLEZA PRIVADA-

Llega el IKEA a Valladolid, la multinacional nórdica con su implícita promesa de socialdemocracia avanzada, con sus muebles de diseño al alcance del ciudadano común, donde predomina la calidez del claro, con sus armarios de montar, con los mil detalles para cada rincón del hogar.
Llega IKEA, como cabeza de puente de todas esas multinacionales sin cuyo asentamiento seguiríamos siendo una ciudad provinciana, aun una capital provinciana, y se instala en la afueras, en el alfoz, que diría nuestro antiguo alcalde, en medio del campo.
Llega IKEA, acaba la ironía, y el hermoso paisaje castellano, esa sucesión de cerros -a veces cubiertos de pinos o encinas, a veces pelados-, y campos cultivados, se convierte en soporte de centenares de anuncios de geometría simple y colores chirriantes que, mientras esconden el horizonte, nos invitan al selectivo disfrute de adquirir todas esas mercancías que acabaríamos, igualmente, comprando.
Y así, la cálida belleza hogareña, la belleza accesible al ciudadano común, la belleza instalada en la república independiente de su casa, la democrática belleza privada, es, como si de un símbolo se tratase, tristemente compatible con el aumento de la fealdad pública, con el deterioro progresivo del entorno, con la destrucción del cuidado paisaje cultural, nacido tras siglos de trabajo del hombre sobre el territorio, con la negación de todo disfrute gratuito.

A. Bugarín
Valladolid, septiembre-2016

sábado, 11 de junio de 2016

-TABÚ-

Tener que llevar esa piel continuamente, esa piel sobre piel, tener que ser, día tras día, y a cualquier hora del día, gallego, vasco, catalán, tener que reaccionar ante las ofensas, tener que ofenderse, como gallego, vasco, catalán, continuamente, que estar con los nuestros -que ya no es ni siquiera un nuestros, y casi ni siquiera un nosotros, absorbidos en sujeto colectivo, sin las fisuras que soporta, incluso, todo sujeto individual, todo yo-, tener que declarar, por ejemplo, persona non grata a Rosa Díez, unido todo el arco parlamentario gallego, esa ejemplarizante y ya vieja historia -pero ¿qué no se hace hoy viejo tras su enunciación?-, tener que ser continuamente mujer, continuamente indígena, continuamente grupo oprimido; ¡esa inversión sacrificial del tabú del incesto con la que queda abolida la exogamia!
A. Bugarín
Valladolid, 2016

viernes, 13 de mayo de 2016

-TRINOS Y AFORISMOS-


&1
La historia es el tiempo dotado de significación, tiempo reinterpretado. En el colmo, Hegel.

&2
Ambivalencia de la sinceridad: lo que no se dice no adquiere presencia. Pero también, lo que no se dice no se gana el olvido.

&3
Probabilismo: Dios aprieta, y ahoga o no ahoga siguiendo complejos cálculos estadísticos.

&4
Retroprogresistas: su máxima aspiración es convertir a los ciudadanos en etnotipos.

&5
Configuraciones de lo humano nacidas de la dialéctica comunidad-individuo: etnotipo, siervo, súbdito, ciudadano, consumidor satisfecho (Bueno dixit), ¿plebe?

&6
El colmo de la blasfemia es hablar en nombre de Dios.

&7
Lo que dota de identidad al individuo no es la posesión de un alma, sino de un cuerpo. Mensaje para posthumanistas cibernéticos.

&8
El abismo entre lo humano y lo no humano está en la capacidad de formular una simple pregunta ¿y si...?

&9
Tolerancia, la forma suprema de la civilización, pero también, y quizá por eso mismo, la forma suprema del desprecio.

&10
Identidad del sujeto. Redundancia. Solo hay identidad si hay sujeción.

&11
Locura es pérdida de sujeción, y, por ello, de identidad.

&12
¿El desprecio es un componente de toda civilización? Pathos de la distancia, que diría Nietzsche.

&13
Antes se pudre el agua en la charca que en el océano. Lo pequeño es pequeño.

&14
Quien no olvida la historia está, acaso, condenado a la discordia.

&15
El remordimiento hizo a Dios hombre.

&16
Elogiamos la fuerza cuando está de nuestro lado, y la consideramos inmoral abuso cuando está del lado de nuestros adversarios.

& 17
Llega, otra vez, la nueva política.

A. Bugarín
Valladolid, mayo-2016

domingo, 8 de mayo de 2016

-ABDICACIONES-

Cuando, de nuevo, la pulsión totalitaria se instale entre nosotros, cuando el pueblo, o la gente, o las masas, decidan abdicar de sus responsabilidades personales -y cabe preguntarse si hay pueblo, o gente, o masas, sin una cierta abdicación de las responsabilidades personales-, empezando por aquellas responsabilidades que tienen los individuos para consigo mismos, cuando el discurso claudicante de los buenos y los malos, de los creyentes y los impíos, del pueblo real y el hipostasiado, en fin, del ellos o nosotros -y el orden es el que es- se instale, de nuevo, entre nosotros, no lo hará bajo las formas ya conocidas y fácilmente identificables, bajo las máscaras del fascismo, por ejemplo, arquetipo de todo totalitarismo, sino bajo otras formas; al igual que un cuerpo inmunizado cierra el paso a las viejos virus ya conocidos, pero no a los mutantes, cuando el totalitarismo, me reitero, llegue -e indicios hay de que tal cosa no es descartable-, lo hará bajo máscaras que no reconoceremos hasta que su dominio esté consumado, quien sabe, puede que, incluso, bajo alguna de las múltiples máscaras del antifascismo.
A. Bugarín
Valladolid, mayo-2016

jueves, 5 de mayo de 2016

-EL CUERPO Y SU YO-

Oído: «¡en mi coño mando yo!», «¡en mi útero mando yo!», «¡mi cuerpo es mío!». ¿Apología del individualismo y el derecho de propiedad? ¿Éxtasis liberal en su doble sentido: derechos ciudadanos y economía de mercado?
Pero, ¿qué o quién es el yo propietario? ¿quién o qué la propiedad? Pues aun el liberal concibe un sujeto que, no agotándose en su ser colectivo, tiene, sin embargo, una proyección, no muy lejana al marxiano ser genérico, en los otros. Si el liberal reniega, frecuentemente, de lo social, no lo hace, sin embargo, de lo interindividual. Su tríada capitolina incluye, junto a la libertad -del individuo-, la igualdad -ante la ley-, y la fraternidad -para con los otros-. ¿Pues acaso mi anulación como sujeto, y mi anulación suprema, mi muerte -permítasenos obviar la posible precipitación de este enunciado, pues acaso haya formas de anulación más terminantes que la muerte-, no supone una escisión, vivida como dolor, en quienes me sienten como cosa propia?
Retomemos la pregunta: ¿qué o quién es el yo propietario? ¿Y si el yo no fuese el propietario sino la propiedad? Pues todo apunta -un todo que incluye aportaciones de la neurología, la psicología y la filosofía de la mente- a que, eso que denominamos yo, no es sino un tomar conciencia el cuerpo -un cuerpo que siente y piensa, o siente pensando, o piensa sintiendo- de sí mismo, de sus propios estados, de sus propias decisiones.
Un cuerpo que se constituye -como la partícula sumergida que encuentra su ruta de choque en choque-, en sujeto ante otros sujetos; y, con el nacimiento de la filosofía -esa escisión en el cuerpo colectivo que el mito alumbra-, en sujeto racionalmente autónomo. Y es ese sujeto racionalmente autónomo, redescubierto y extendido en la modernidad, el que configura el moderno Estado de derecho -donde derecho significa la protección legal de ese individuo racionalmente autónomo, pues otra cosa sería redundancia-, y el que da fundamento a la idea misma de dignidad, base de toda la ética contemporánea.
Y es entonces cuando adquiere sentido gritar: «¡mi cuerpo es mío!», «¡en mi coño mando yo!», «¡en mi útero mando yo!», como expresión, metáfora, o reivindicación, de esa autonomía racional; que, no obstante, no libera al individuo de su responsabilidad ante los otros, para con los otros; no es fundamento de autodeterminación, posible solo para la sustancia infinita, sino de codeterminación.
A. Bugarín
Valladolid, mayo-2016

miércoles, 2 de marzo de 2016

-MIL WIKIPEDIAS-

En El fin de la historia y el último hombre el politólogo norteamericano Francis Fukuyama asegura -esgrimiendo una expresión de origen hegeliano-, que, tras la liquidación del bloque -a nosotros nos gustaría decir bloqueo-, soviético, la historia ha llegado a su fin; a un fin, no obstante, que es una objeción a los discípulos díscolos de Hegel, al que, los tales discípulos, habían puesto a caminar sobre sus pies, invirtiendo la interesante perspectiva del filósofo suabo según la cual la humanidad camina apoyándose en su cabeza.
Y llega, Fukuyama, a esa hegeliana conclusión tras constatar que los seres humanos se mueven por dos impulsos básicos: la búsqueda de bienestar y el deseo de reconocimiento.
Y sucede, dice Fukuyama, que el modelo liberal-capitalista es el que ha procurado mayores cotas de bienestar para mayor número de individuos; y sucede, simultáneamente, que el modelo liberal-democrático, con el que está entretejido, es el que ha procurado mayores posibilidades de reconocimiento a un mayor número de personas. De modo que, tras el asentamiento del modelo liberal -liberal-capitalista y liberal-democrático- en buena parte del planeta, solo cabe esperar la expansión y acrecentamiento del bienestar general y de las posibilidades generales de reconocimiento. El modelo liberal es el modelo definitivo de organización social por ser aquel que mejor satisface las aspiraciones de los seres humanos, las aspiraciones inscritas en la propia naturaleza humana.
Pero años más tarde, y tras los espectaculares avances en las ciencias biotecnológicas y cibernéticas, y en las tecnologías relacionadas con la manipulación genética y la inteligencia artificial, Fukuyama vislumbra otra posibilidad, la posibilidad de que el desarrollo científico-tecnológico permita manipular la propia naturaleza humana, por lo que otra naturaleza humana, incluso posthumana, implicaría otras aspiraciones y, tal vez, otro modelo social para satisfacerlas. El futuro vuelve a abrirse de nuevo, la historia humana retoma su marcha creadora -o, no hay que descartarlo, y eso lo decimos nosotros, hacia el abismo-.
Pero cabe, también, la posibilidad -acerca de la cual, que sepamos, no dice nada Fukuyama-, de que el desarrollo científico y tecnológico traiga consigo otros modelos productivos -modelos de producción colaborativos, ofertas crecientes de servicios gratuitos-, y otros modelos organizativos -organizaciones en red, toma horizontal de decisiones-, transformando el concepto mismo de mercancía y de mercado -proliferación de productos y servicios no destinados al intercambio-, y volviendo obsoleto, acaso, el modelo de producción capitalista.
A. Bugarín
Valladolid, marzo-2016