miércoles, 20 de mayo de 2020

-RISAS-

Que ya no sea tolerable hacer chistes de gangosos y «mariquitas» pareció un logro de la estética, y no solo de la corrección política. Pero la invitación al chascarrillo dirigido y soez no ha abandonado los espacios de entretenimiento «humorístico» que nos administran los «medios de comunicación social». Ahora el gesto disfrazado de ingenio, la burla mecánica que juega con estereotipos, presupone el sectarismo político, igual que antes el machismo paleto (mentar al PP, al rey -«el Borbón»- o a la bandera). Chabacanería con pedigrí, chabacanería de «izquierdas». (Y la izquierda misma es hoy un estereotipo).
A. Bugarín
Valladolid, mayo-2020
 

sábado, 16 de mayo de 2020

-ENCUBRIMIENTOS-
Se ha convertido, desde hace ya tiempo, en un recurso crítico de muchos intelectuales latinoamericanos, la apelación al «encubrimiento» de lo «indio», lo «aborigen», lo «originario», lo «otro», producido, supuestamente, por la «conquista», la «invasión», el «encontronazo», el «choque», o cómo queramos denominarle, que siguieron a la arribada de los españoles a eso que, después, fue América, como explicación de todos los males que aquejan a los «pueblos» que configuran las naciones en las que ejercen su crítica.
(Otros, más banales, se limitan, en un ejercicio de sabiduría infantil, a negar el descubrimiento con el argumento de que allí ya había gentes antes de la mencionada «arribada», ignorando que un descubrimiento geográfico no es un mero llegar, sino que presupone una geografía, y por ello un cierto grado de desarrollo técnico y científico).
Pero encubrimiento implica existencia de una realidad que se oculta, que se cubre, y, dado que, desde hace al menos medio siglo, la literatura sobre tal encubrimiento no cesa, no acertamos a entender, suponiendo que no se trate de alguna hermenéutica heideggeriana, cómo pueda estar cubierto o encubierto aquello de lo que no deja de hablarse, salvo que se quiera decir, que, tras la «conquista», «invasión», «encontronazo», «choque», etc., un mundo dejó de existir, para ser sustituido por otro, cosa que es fácilmente constatable sin necesidad de ejercicio extraordinario alguno de análisis, y que está detrás de la existencia misma de los mencionados «intelectuales» y de los países y sociedades en que ejercen su «crítica».
Pero no hay, entonces, encubrimiento, sino construcción de algo nuevo a partir de materiales previos, la liquidación de un proyecto, si queremos llamarle así, o de múltiples proyectos, que quedan reabsorbidos y reorientados en el proyecto imperial hispánico, o universal católico, el cual, en este proceso, también se reorienta y transforma dando origen a algo que hubiera sido impensable unas décadas antes del proceso en cuestión; sin que esto niegue, claro, que en ese «choque» la reorientación no afectó a todos los proyectos previos de la misma manera, con la misma intensidad, al igual que en el choque de dos cuerpos sus trayectorias son modificadas pero en un grado mayor la del cuerpo cuya masa o velocidad previa era menor; y sin negar tampoco, claro es, que todo choque, conquista, invasión, etc., es un ejercicio de violencia, con el consiguiente grado de sufrimiento cuando los sujetos de este proceso son seres sentientes, conscientes y racionales.
Y, sin embargo, sí hay encubrimiento, el del imperio español, de la Monarquía Hispánica, de los virreinatos americanos, que, en tres o cuatro siglos de existencia según los casos (tiempo datado de existencia mayor que el de casi todos los pueblos precedentes) modelaron un continente; siendo tan largo y productivo, en todos los órdenes, periodo histórico, escondido por las élites de los movimientos secesionistas o independentistas, que buscaban, con ello, legitimar su poder apropiándose del sufrimiento real o representado de otros, los «aborígenes» americanos, los pueblos «originarios», mientras mantenían a estos otros, ahora sí, excluidos -exclusión que llegó a ser, en algunos casos, exterminio planificado- de toda participación en los nuevos proyectos republicanos, y en la que, en gran medida, sus descendientes permanecen.
Pero, si los citados desencubridores, buscan negar legitimidad al proyecto imperial hispánico, al proyecto universal católico (valga la redundancia), virreinal, para instaurar en su lugar la de aquellos proyectos previos encubiertos, no vemos cómo tal contrafáctica propuesta podría realizarse, a no ser como puro ejercicio literario, o como culpable autonegación, de la que no hay que descartar su posible incidencia en tanto actual fracaso, esas venas abiertas que delatan al suicida.
A. Bugarín
Valladolid, mayo-2020

viernes, 1 de mayo de 2020

-APROPIACIÓN 3-
Las estrategias de poder contemporáneas, al menos en el ámbito de la civilización cristiano-occidental (y lo de cristiano no es prescindible) responden a una lógica subyacente cuyas reglas podemos resumir así:
(1) El orden moral se sustenta en la condición de víctima del sujeto (Cristo crucificado).
(2) El orden moral, y solo el orden moral, legitima el poder.
(3) Poder implica dominio; luego, el ejercicio del poder es incompatible con la condición de víctima.
(4) En consecuencia, la legitimación del poder requiere la apropiación de la condición de víctima, una victimización representada (la víctima real está excluida, por definición, del poder). Para lograr tal objetivo es necesario, en primer lugar, la colectivización del individuo: uno se define por su pertenencia a un grupo. El grupo se constituye, a su vez, a partir de la elección de un rasgo identitario: aquel que permita aprovechar todo el potencial victimista. Finalmente viene la apropiación propiamente dicha, que sigue un proceso silogístico: el grupo X, ha sido oprimido en el pasado, o sigue oprimido actualmente; yo pertenezco al grupo X; luego, yo soy una víctima, un oprimido; luego, estoy en posesión de la legitimidad moral para ejercer poder (político, social, cultural, etc.).
Esta estrategia solo ha podido triunfar a partir de la rebelión protestante y su moralización del cristianismo. La nobleza del mundo germánico y los países bajos la empleó en su legitimación frente al imperio español. Aprendido el truco fue empleado por los criollos americanos que se apropiaron sin pudor del sufrimiento, real o representado, de los aborígenes americanos para legitimarse frente al poder Real. Y llega a nuestros días. Las clases burguesas afroamericanas de EEUU esgrimen su condición de víctimas frente a los blancos. Las mujeres burguesas blancas su condición de víctimas frente a los varones. Los varones blancos homosexuales su condición de víctimas frente a los heterosexuales. Los varones burgueses heterosexuales blancos catalanes su condición de víctimas frente a los españoles o hispanohablantes. Etc.
Consecuencias:
(1) La concepción republicana del Estado y el orden social, se ha quedado, entretanto, por el camino.
(2) Se constituye el sujeto populista, que sigue la secuencia: infantilización (modo de comunicación paralela, Berne, donde no cabía esperarla -¿la deconstrucción masculina era eso? ¿abandonar al adulto para que aflore el niño?-), irresponsabilidad (otro tiene la culpa), aplebeyamiento (el pueblo reducido a plebe), caudillismo (un sujeto señalado encarna esa desazón representada).
A. Bugarín
Valladolid, Mayo-2020

domingo, 12 de abril de 2020

-CONQUISTADORES-
Una tendencia reciente, en este supuesto proyecto de reconciliarnos con nuestra propia historia, enfrenta las conquistas imperiales de España buscando la disculpa por vía de sembrar compasión sobre los propios conquistadores: esos pobres desgraciados, que salen de una Castilla reseca y triste, y que descargan las frustraciones de su miseria sobre otros que acabarán siendo más miserables que ellos (africanos, aborígenes americanos, filipinos, etc.).
Pero, dejando de lado el perverso juego de las víctimas y los victimarios en el que se han convertido las estrategias de poder, no se percatan, estos disculpadores, de que, con esto, están cargando sobre nuestras espaldas españolas otra culpa más terrible: nos condenan, al modo revertiano, a la ignorancia y el fanatismo. La conquista, finalmente, ni siquiera tendría la escusa de la elevación (Sepúlveda) del bárbaro al nivel de desarrollo que la civilización había alcanzado en el viejo mundo.

A. Bugarín
Valladolid, febrero-2016

sábado, 11 de abril de 2020

-AUTOVACIADA-
Cuelgo, aunque ahora parezca, como casi todo, un problema ajeno, una reflexión que llevaba meses madurando en el archivo privado:
Los medios de producción de víctimas y victimarios, han dirigido su atención, de un tiempo a esta parte, a la España «vaciada». Sabemos, parece, quien es la víctima. Falta por conocer el victimario. Puesto para el que se ofrecen, a la opinión pública, algunos candidatos: Madrid, «ese agujero negro que lo absorbe todo», al decir de algún titular. (Pensando, quizá, que sin su condición de capital global los jóvenes universitarios de los pueblos de la meseta alcanzarían su plenitud humana y ciudadana cultivando su «creatividad» entre los campos de trigo y los encinares). Más probable parece (pero qué tendrá que ver la lógica con un titular) que, sin ese «agujero negro», todo el interior de España se habría convertido en una Gran Soria. También podría ser culpa del capitalismo, demonio básico al que se pueden achacar todas las tentaciones. Pues tentación parece el querer vivir en entornos dinámicos o climas agradables. O de los políticos, que «no han hecho nada por nosotros». (¿Nostalgia campesina del socialismo soviético?).
Pero había escuelas en los pueblos; y la gente se fue. Había ambulatorios y carreteras; y la gente se fue. Había tierras de labranza, y ganaderías, y embalses, y subvenciones; y la gente se fue. Y atardeceres bonitos, y frío, y calor; y la gente se fue. La gente siempre se va a donde hay más gente.

A. Bugarín
Valladolid, abril-2020
(Primer mes de confinamiento)

-MODERNIDADES-
Que la historia sigue un camino marcado, la vía natural, y unilateral hacia el progreso, es idea ilustrada. Que hay progreso puede ser redundante, si progreso es lo que hay. Pero hay deseos y aspiraciones entroncados con la lógica biológica de la supervivencia. Y parece haber ciertos «hacia dónde» determinados por la existencia misma de la cultura. Pero que esa vía hacia el progreso, que la noción misma de progreso, esté determinada antes de su efectivo transcurrir, parece hoy un dogma.
Si rechazamos tal presupuesto determinista, la modernidad misma, ese otro nombre de la Ilustración, aparece como una multiplicidad de vías (paralelas, convergentes, que perviven o se desvanecen). Descubrimos, así, que, entre los siglos XVI y XIX, se fraguaron, en Europa, cuatro proyectos, balbucientes unos, más logrados otros, de modernidad. O cuatro variantes (por ser esta expresión, quizás, más precisa) del proyecto de la modernidad.
Al primer proyecto, y primero también en agotarse, nacido en el Reino de Castilla, vamos a denominarlo «comunitarismo universalista católico» (quedando, con dicho nombre, suficientemente caracterizado). En Francia nace lo que ha llegado a parecer la esencia misma del proyecto ilustrado, que se define como republicano y universalista, esto es, con pretensión de validez planetaria, pero esencialmente aristocrático, y compatible, por ello, con el elitismo cultural y la jerarquización social y aun racial. La Alemania dispersa se reúne en torno al etnicismo romántico, cristiano-moral y comunitario (luterano), que arrastrará con el tiempo, como consecuencia de su propia lógica interna, terribles implosiones. Paralelamente, y para finalizar con esta clasificación, se desarrolla, en Inglaterra y los Países Bajos, el proyecto capitalista, de raíz calvinista, que pareció destinado, en algún momento, a ser el proyecto definitivo (o el modo definitivo del proyecto), el «fin de la historia». Las interacciones, también las interacciones violentas, y en el límite la guerra, entre esos proyectos y sus núcleos directores (Huntington), prepararán, en buena medida, el devenir político del siglo XX, en el que otros proyectos de modernidad (otras variantes, ramas de ramas), aparecerán y desaparecerán del escenario histórico (que no es, obviamente, algo distinto del propio desarrollo de tales proyectos).
A. Bugarín
Valladolid, abril-2020
(Primer mes de confinamiento)

sábado, 11 de enero de 2020

-RIBBENTROP-MOLOTOV: COMEDIA-
Hemos visto, ante nuestros propios ojos, cómo un movimiento xenófobo, y aun racista, crecía y se apoderaba de la voluntad de un pueblo -seamos justos: de la voluntad de una parte considerable de ese pueblo-. Hemos visto, a ese pueblo -a esa parte- portar antorchas. Les hemos visto echados a la calle, marchando sobre la capital, para exigir, obviadas las reglas de juego consustanciales a un Estado de Derecho, la instauración de su proyecto político. Les hemos visto romper, con sus leyes y en física y simbólica imagen, la constitución democrática, reducida a la condición de mero papel. Acusar a los pobres de robar a los ricos. Hemos visto a sus historiadores, apoyados por poderes políticos y movimientos cívicos, apropiándose de la historia para sostener que Colón, Hernán Cortés, Cervantes, Teresa de Jesús, Calderón, etc., no podían ser sino miembros expropiados de ese pueblo, con el argumento, de fondo, de que una raza inferior no pudo producir tales prodigios del espíritu, el ingenio, o la voluntad. Les hemos visto acosar a los disidentes, desinfectar las calles en las que estos proclamaban su derecho a la disidencia. Todo eso no es fake. Lo hemos visto.
¡Y con esas gentes pacta nuestra «izquierda»!
A. Bugarín.
Valladolid, enero-2020.