jueves, 29 de octubre de 2026

 -ESTADO MODERNO, RELIGIÓN E IGUALDAD ANTE LA LEY: LOS REYES CATÓLICOS Y LA EXPUSIÓN DEL JUDAÍSMO-

El Estado moderno tiene un origen problemático, complejo, y múltiple. Aunque este puede ser temporalmente situado entre finales del siglo XV y finales del XVIII. Uno de sus orígenes podemos situarlo en la España de los Reyes Católicos, construida sobre el proyecto de la unidad religiosa, con la consiguiente expulsión del judaísmo, que no de los judíos. Y sobre este fenómeno -construcción del Estado moderno y unidad religiosa- aletean múltiples equívocos.

La noción de Estado moderno arrastra consigo la idea de igualdad ante la ley y de Estado de derecho. Esa igualdad acabará siendo la igualdad civil, bajo las leyes emanada del propio Estado que se está constituyendo. Finalmente, Estado, Estado de derecho e igualdad ante la ley acabarán significando lo mismo. Pero ese proceso no se da de un salto. Hay un antes, un después y una serie de pasos intermedios. El antes son las monarquías feudales, constituidas de múltiples comunidades que intersectan a veces o discurren paralelas otras veces. La ley es, aquí, poder directo basado en relaciones de fuerza o conjunto de costumbres. El elemento que unifica ese magma es la religión, que sobrevuela todo orden jurídico y moral. Y es en ese medio donde pueden convivir, a veces de modo precario, una variedad de comunidades paralelas (judíos, cristianos, musulmanes).

Pero «igualdad ante la ley» y «comunidades paralelas» son conceptos materialmente incompatibles entre sí. Esa incompatibilidad se resolverá finalmente enviando a la religión a la esfera privada (quizá, recordando el quiasmo de Marx, tras haber sumergido el orden civil en el proyecto religioso). Pero a la altura de finales del siglo XV eso no es todavía posible. La ley está todavía directamente orientada por el proyecto religioso, su fundamente es inseparable de este. Por eso la incompatibilidad señalada, y  el avance del Estado hacia el Estado moderno, solo puedo hacerse reduciendo las varias religiones a una, la que en aquel momento tenía la capacidad de forzar esa reducción: en la España de los Reyes Católicos, el catolicismo. Y ese es el sentido profundo, histórico, de la expulsión del judaísmo -que no, insistimos, de los judíos-, de la esfera pública española. Y, cuando fue posible, también de los restos del islam.

Tres siglos más tarde, la igualdad ante la ley se fraguará en torno a las leyes civiles emanadas del Estado ya fuertemente configurado. Pero configurado ocultamente sobre el orden moral emanado del cristianismo, sobre el tipo de sujeto político-moral emanado de la rebelión protestante.

Y por eso cuando hoy sociedades que no han hecho esa transición (y que, de haberla hecho, no tendrían por qué haber remitido a un mismo sujeto político-moral, véase islam), arriban en masa a aquellas sociedades organizadas bajo la forma de Estado moderno, aparece de nuevo el conflicto. Que solo podrá ser resuelto bajo alguna nueva forma de monarquía medieval, la expulsión del islam, o una reforma luterana de este que lo redujese a la esfera privada volviéndolo compatible con los Estados modernos cristianamente constituidos (lo que significaría, también, en la práctica, su expulsión)
A. Bugarín

Valladolid, octure-2026